Palabras del Embajador Landau durante Recepción de Bienvenida a México

  • Distinguidos miembros del Poder Ejecutivo, Legislativo, y Judicial de la Nación.
  • Distinguidos miembros de las Fuerzas Armadas de la Nación.
  • Miembros del Cuerpo Diplomático.
  • Estimados e ilustres amigos,

Me da mucho gusto recibirles esta tarde en mi nueva casa de la Ciudad de México. Es el máximo honor de mi vida desempeñarme como Embajador de Estados Unidos en este gran país. Mi éxito en esta tarea dependerá en gran parte de las relaciones forjadas tanto a nivel personal como profesional con Ustedes que hoy me honran con su presencia. Les agradezco mucho de haber aceptado la invitación, y espero poder conocerles muy bien a través de una larga y fructífera misión diplomática aquí en Ciudad de Mexico.

Yo quisiera aprovechar de esta oportunidad para platicar un poco sobre la trayectoria que me ha traído aquí, de mis planes y prioridades para esta misión, y de mi aprecio por México.

Supongo que muchos de Ustedes ya conocen algo de mí – es lo bueno y lo malo de esta era de información en que vivimos. Como sabrán, yo he decidido abrazar las redes sociales para que me pudieran conocer mejor. Twitter me ofrece una manera de comunicarme directamente con los mexicanos. Alguien me preguntó hace algunos días, efectivamente en Twitter, por qué yo quería que los mexicanos me conocieran. Y yo contesté que, a mi parecer, la diplomacia consiste no solamente de relaciones con funcionarios del gobierno, pero con ciudadanos de todos los sectores políticos, económicos, y sociales del país. Y para establecer cualquier relación, es imprescindible conocer a la otra persona. Así que yo quiero que me conozcan, y que ese conocimiento sea la base del entendimiento, simpatía, y respeto mutuo.

Yo tuve la muy buena suerte de nacer en una familia diplomática. Nací en Madrid cuando mi padre era segundo secretario de nuestra embajada en España. Pero ahí no aprendí el español, como lo podrán apreciar en mi acento, pues nos mudamos a Canadá cuando yo tenía apenas un año. Después de un año en Canadá, vivimos en Washington por seis años. Cuando tenía ocho años, mi padre fue nombrado embajador de Estados Unidos en el Paraguay, y nos trasladamos a Asunción. Ahí fue que aprendí el español, uno de los grandes dones de mi vida. Estudié cinco años en el Colegio Americano de Asunción, donde recibí una gran educación bilingüe. Yo volví a Estados Unidos para mi educación secundaria en un colegio internado, pero seguía viajando seguido a Sudamérica, donde mi padre después se desempeñó como embajador en Chile y Venezuela. Realmente, sentí una gran pérdida cuando él se jubiló y volvimos a vivir en Estados Unidos. Gran parte de mi identidad personal era de ser un estadounidense dentro de un marco latinoamericano, y eso de repente lo perdí de un día para el otro.

Desde mi niñez, siempre me ha fascinado el gran mundo en que vivimos. De niño, coleccionaba estampillas con mi padre. A través de ese hobby, aprendí mucho sobre los países del mundo. Por ejemplo, aún me acuerdo muy bien de la serie de estampillas mexicanas “Mexico Exporta” de los años 70, que mostraba a las diferentes exportaciones nacionales de esa época. También comencé a coleccionar monedas mundiales, y así iba conociendo a los héroes de los diferentes países, como, en el caso de México, José María Morelos y Pavón y Josefina Ortiz de Domínguez. Ese chico al quien tanto le interesaba la historia y la cultura de otros países se encuentra ahora frente a Ustedes como el nuevo embajador de Estados Unidos en México.

Pero no ha sido una línea recta. Mi padre me aconsejó estudiar derecho en vez de inscribirme en el Servicio Exterior, y tuve una carrera de 30 años como abogado en Washington, especializándome en litigio de apelaciones. Durante ese periodo, tuve muy poca oportunidad de involucrarme en la política exterior. Pero nunca me olvidé de mis raíces en la vida diplomática, y nunca perdí la convicción de que el cargo de embajador es el cargo más noble que existe.

Así que cuando se abrió el año pasado el cargo de embajador en México, no dudé en expresar mi interés. Realmente no había otro puesto en todo el gobierno de Estados Unidos que tanto me interesaba, porque nuestra relación con México es la más importante, y en cierto modo la más complicada, de todas nuestras relaciones exteriores. De hecho, no es en verdad una relación exterior — como otros lo han dicho, es una relación más bien “intermestic.” Dudo que nuestro Presidente pueda tener éxito en su política doméstica sin una buena relación con México, porque muchos de los principales retos que enfrentamos como país son retos compartidos con México que ninguno de nuestros países puede resolver solo.

Yo llego de embajador a México con tres prioridades principales: la inmigración, la seguridad, y el comercio. Con respeto a la inmigración, es crítico establecer un marco de cooperación entre México y Estados Unidos en cuanto a los migrantes de terceros países. El flujo descontrolado de cientos de miles de tales personas por el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos es un reto compartido, y afortunadamente ambos países han avanzado mucho en los últimos meses. Esos avances nos abren la puerta para cambiar el enfoque bilateral a otras materias.

Con respecto a la seguridad, el reto compartido es muy grande para ambos países. Realmente, este reto consiste de múltiples retos entrelazados: entre ellos, el narcotráfico, las armas, el flujo ilícito de dinero, la corrupción, y la impunidad. Yo reconozco que nosotros, en Estados Unidos, somos parte del problema, con nuestro apetito para las drogas, nuestro dinero, y nuestras armas. Pero para nada nos sirve culpándonos el uno al otro. Estos son problemas gravísimos que requieren soluciones en ambos lados de la frontera. O cooperamos en estas materias o nos hundimos los dos.

Finalmente, el tema del comercio y la inversión es de suma importancia. México recientemente se ha convertido en el primer socio comercial de los Estados Unidos a nivel mundial, un logro importantísimo para ambos países. Por eso, esperamos una pronta ratificación del tratado T-MEC por parte de nuestro Congreso, y yo sé que no hay nadie en México que haya trabajado más para llegar a esa meta que el Subsecretario Seade, que nos honra esta tarde con su presencia.

Aparte del tratado, es importantísimo para mí fortalecer los vínculos económicos y comerciales entre nuestros países. Mi padre comenzó su carrera diplomática como consejero comercial en nuestra embajada en Montevideo, y desde mi niñez siempre enfatizó que una de las principales responsabilidades de un embajador es fortalecer los lazos económicos y comerciales entre los países. Así que les aseguro a los empresarios y a los funcionarios del gobierno aquí y en Estados Unidos, si tienen algún problema comercial, yo soy su aliado y mi puerta les está siempre abierta.

A nivel personal, me gustaría comentar que tengo un enorme aprecio por México. Me fascinan su historia y todas las facetas de su cultura – su arte, su literatura, sus artesanías, por supuesto su gastronomía. Yo estudié esa historia y cultura en Harvard para recibir mi certificado en estudios latinoamericanos, y cada día aquí me educo y me divierto aún más.

Entre las experiencias que me han encantado han sido mis viajes por México. Lo visité por primera vez a los 17 años, cuando trabajé en un barco crucero que hizo escala en Puerto Vallarta. Después, comenzando en los años 90, regresé varias veces con mi esposa y después con nuestros hijos, y conocimos a la Ciudad de México, Oaxaca, Huatulco, Guanajuato, San Miguel de Allende, Mérida, Cancún y la Rivera Maya. Este país ofrece de todo: desiertos, playas, montaña, selva. Siempre nos han recibido con mucha amistad, y hemos gozado de nuestras experiencias. Pero todavía me queda mucho por conocer. La semana pasada tuve el gran gusto de viajar a Tabasco para conocer ese estado sureño. Mi plan es visitar a todos los estados de la República durante mi estadía, y espero que ustedes me puedan acompañar en esos viajes a través de mi cuenta de Twitter.

Finalmente, quisiera dar unas palabras de agradecimiento. Primero a mi esposa Caroline. Hace 25 años, ella aceptó salir conmigo en cita a ciegas, a sabiendas que yo era abogado, precisamente porque le interesaba mi pasado internacional. Nunca se imaginó, en ese momento, que juntos tendríamos la maravillosa oportunidad y el honor de representar a nuestro país en México. No podría pensar en alguien mejor para compartir esta aventura que con Caroline.

Quisiera agradecer al Dr. Isaac Masri, quien nos prestó muchas de las impresionantes obras de arte que ustedes pueden apreciar esta tarde en esta residencia. Ha sido un gran placer para mí conocer a este hombre tan culto. También les agradezco a los artistas Líber de Pablo y Moisés Cohen, quienes nos han prestado bellas obras.

Quisiera agradecer al personal de la embajada, quienes trabajaron sin embajador durante un año turbulento en la relación bilateral, y especialmente a John Creamer, quien se desempeñó como Encargado de Negocios. Tenemos un equipo excepcional en la embajada, y si luzco bien, es el resultado de su trabajo.

Y por último, quisiera agradecer al gobierno y al pueblo de México, quienes me han acogido de una manera tan cálida. Yo creo de todo corazón que el destino de nuestros países vecinos es de ser socios y amigos. Por esa razón me encuentro yo aquí.

Muchas gracias a todos, y que disfruten de la fiesta.