Palabras del Embajador Landau durante la ceremonia del Día de la Remembranza del Holocausto

Muy buen día a todos.

Saludo con gusto y les agradezco por la invitación al Maestro Avi Meir, director del Colegio Israelita de México ORT, y al Ingeniero Mario Becker, presidente del Patronato.

 

Al recordar el Holocausto, honramos la memoria de los seis millones de niños, jóvenes, mujeres y hombres judíos asesinados por los nazis. Igualmente, recordamos a otras poblaciones que fueron perseguidas por su forma de pensar, nacionalidad, religión, físico u orientación sexual.

 

En este día, también celebramos el heroísmo y la valentía de los sobrevivientes y de quienes con su determinación han inspirado a generaciones enteras a alzar la voz ante quienes amenazan las libertades, los derechos y la dignidad humana.

 

Conmemorar el Holocausto es un acto de reflexión y una exigencia para actuar. Ya que no solo significó la brutalidad contra el pueblo judío sino contra toda la humanidad porque, de una forma u otra, nos sigue lastimando a todos.

 

Precisamente, mi padre dejó Austria en 1938 ante el ascenso del nazismo y emigró a América, para después asumir su responsabilidad personal y combatir con el Ejército de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial porque él sabía que cada esfuerzo es necesario cuando se lucha a favor de quienes sufren y son perseguidos.

 

Conforme los soldados estadounidenses avanzaron por Europa

y fueron testigos de los horrores del régimen Nazi, repetían dos palabras “never again” o “nunca más”. Un llamado que sigue presente a 75 años de distancia porque el Holocausto siempre

será un recordatorio para la humanidad.

 

El mal que llevó a aquellos actos inimaginables de crueldad no surge de la nada, pues se infiltra poco a poco y se nutre de la apatía, la presión social o la indiferencia.

 

Por eso, todos, sin importar nuestra edad o contexto personal,

tenemos la responsabilidad de reflexionar y actuar, para no permitir que la sociedad internacional viva nuevamente esos momentos de oscuridad y sufrimiento.

 

Hoy, renovamos nuestro deber moral para “nunca más” permanecer indiferentes o en silencio ante los ataques contra las personas a causa de su raza, etnicidad, religión o manera de pensar.

Por ello, los Estados Unidos continuarán defendiendo con convicción los derechos humanos y combatiendo el antisemitismo o cualquier otra forma de odio que lleve a las atrocidades vividas durante el Holocausto.

 

En unos momentos que encendamos las velas, honraremos la memoria de las víctimas, para que su luz que, hoy se prende con más fuerza por todo el mundo, sea un llamado a la conciencia de la humanidad.

 

Su luz también es un sinónimo de esperanza por el testimonio de los sobrevivientes y de quienes lucharon contra el régimen Nazi porque demostraron que el espíritu humano es inquebrantable y que el bien siempre prevalecerá, gracias a quienes asumen su responsabilidad con su historia y con su tiempo.

 

¡Muchas gracias!