Palabras de la Embajadora Roberta S. Jacobson ante Senadores Mexicanos

Gracias Senador Gil por su cálida bienvenida y gracias por la invitación para reunirme con tan distinguido grupo de legisladores.  Diálogos bilaterales francos como éste, entre familia, son los que verdaderamente sostienen y nutren la relación entre nuestros dos países.

Cuando llegué el 26 de mayo pasado, me propuse visitar tantos lugares me sean  posibles de su hermoso país. Mi objetivo es comprender las perspectivas de los diferentes grupos a lo largo del país e intercambiar puntos de vista, no sólo con servidores públicos como ustedes, sino también con académicos, líderes de la sociedad civil, miembros del sector privado, estudiantes, y ciudadanos comunes y corrientes. 

Cada conversación que tengo me da la oportunidad de comprender lo que los mexicanos quieren del presente y lo que esperan del futuro, además de lo que mi país puede aportar para avanzar en nuestras prioridades comunes.

Cuando los presidentes Obama y Peña Nieto se reunieron en Washington, D.C. el pasado 22 de julio, dialogaron sobre la cooperación económica, la protección al medio ambiente y la seguridad, entre otros rubros. 

Después de su reunión, el Presidente Obama enfatizó: “no sólo somos socios económicos y estratégicos, también somos vecinos, y somos amigos, y somos familia.”

Como todos ustedes saben, nuestros países hacen frente a retos comunes, como tal vez en ningún otro lugar en el mundo y nuestra cooperación es fuerte y necesaria. 

El tema del medio ambiente es un excelente ejemplo de ello. Juntos hemos unido esfuerzos para combatir el cambio climático a nivel global, desde apoyar los acuerdos de París, hasta desempeñar un papel activo en el Protocolo de Montreal y otros foros similares. 

Nuestra Asociación de América del Norte para el Clima, Energía Limpia y Medio Ambiente es un paso firme para proteger nuestro planeta.  Sin embargo, el reto seguirá siendo grande. Y por eso es de suma importancia que continuemos sumando fuerzas para que más países nos acompañen en hacerle frente a lo que muchos piensan es el reto más importante de nuestra generación.

Así como el tema del medio ambiente es de mi mayor prioridad, también lo es el tema de la educación. Requiere nuestra atención inmediata. Posponer estos temas para otro momento no es una opción. 

Según un reporte de la OCDE, en México sólo el treinta y siete por ciento de los adultos, entre las edades de veinticinco y sesenta y cuatro años, terminaron la preparatoria en comparación con el setenta y cinco por ciento de todos los trabajadores miembros de la OCDE. 

Nosotros mismos también tenemos retos enormes. Uno de ellos es el asegurar que preparemos adecuadamente a nuestros jóvenes en materia de educación para que puedan enfrentar y – sobre todo  — que se vean beneficiados de la economía moderna. La Reforma Educativa y los programas de intercambio como el Fulbright-García Robles, Jóvenes en Acción y otros generarán beneficios en un futuro cercano, no sólo para nuestros jóvenes, sino también para fortalecer nuestras capacidades con el objeto de competir con economías de otras regiones.

 La corrupción continúa siendo un lastre que socava el progreso de cualquier sociedad. Los mexicanos tienen opiniones divididas sobre muchos temas: Las Águilas o las Chivas, las tortillas de maíz o las de harina, el Santo o el Blue Demon, Luis Miguel o Alejandro Fernandez, senadores o diputados. 

Pero hay un tema en el que todos están de acuerdo: ¡ya basta de corrupción! Y podemos ver que los mexicanos están uniendo esfuerzos para hacer algo al respecto y hacer que sus voces se escuchen en las urnas. 

 Eduardo Bohórquez, Director de Transparencia Mexicana, recientemente describió a la corrupción como un “impuesto regresivo.” Es precisamente por lo anterior, que quiero felicitarlos por haber aprobado las siete leyes que conforman el nuevo Sistema Anticorrupción Mexicano. 

Su aprobación demuestra lo que es posible cuando los legisladores, la sociedad civil y la administración federal trabajan de manera conjunta. Espero poder promover aún más el diálogo y los intercambios de ideas entre nuestros legisladores y nuestra gente.

Siempre noto que cuando legisladores estadounidenses vienen a este país, por lo general regresan a los Estados Unidos convertidos en promotores de México, generando una mejor relación y entendimiento entre nuestros pueblos.

Es por esta razón que quiero que muchos más legisladores estadounidenses los visiten, ya sea para la reunión Interparlamentaria o por su propia cuenta. Bueno, ya he hablado bastante, y lo que más quiero es un diálogo con ustedes. 

A eso vine a México, a escucharlos, a entenderlos y a trabajar de manera conjunta en una agenda compartida. Les agradezco infinitamente por la oportunidad de entablar esta conversación y les prometo que siempre tendrán en mí a una interlocutora franca (quizás a veces demasiado franca), genuinamente interesada en el bienestar de su país, y que siempre vendrá con buena voluntad y los mejores deseos de un buen vecino en esta nuestra región de América del Norte.

Muchas gracias.