Discurso durante la celebración del Día Mundial contra la trata de personas

pronunciado por Joaquín Monserrate, Ministro Consejero en Asuntos Políticos de la Embajada de Estados Unidos

Buenos días. Muy honrado de poder acompañarlos hoy, incluyendo a:

  • Magistrado Doctor Edgar Elias Azar, el Presidente del Tribunal Superior de Justicia;
  • Licenciado Roberto Campa Cifrián, Subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación;
  • Senor Christopher Gascon, Jefe de Misión de la Organización Internacional para las Migraciones;
  • miembros de la Comisión intersecretarial para prevenir, sancionar y erradicar los delitos en materia de trata de personas y para la protección y asistencia a las víctimas de estos delitos

y sobre todo nuestro anfitrión, el equipo de la Organización Internacional para las Migraciones, para marcar y conmemorar el día mundial Contra La Trata en el Mundo.

Los Estados Unidos compartimos las mismas preocupaciones y los mismos retos que todo ustedes. Empezaré por citar a nuestro Canciller John Kerry, quien dijo este año que: “Cuando hablamos de trata humana, de lo que estamos hablando es de esclavitud. Esclavitud que a estas alturas victimiza a más de 20 millones de personas. Veinte millones de personas que son como todos nosotros. Tienen nombres. Tienen o tuvieron familias. Y contra su voluntad, condenados a vivir un infierno. Un infierno moderno por el que nadie debería pasar.”

Como todo tipo de actividad criminal, la trata no discrimina e igual se cuela en el norte que en el sur, en los países grandes y pequeños, ricos y pobres, industrializados y rurales. La trata, como tantos otros delitos transnacionales –el narcotráfico, la corrupción–, nos reta a todos por igual.

Nosotros somos los primeros en reconocer en nuestro informe anual que Estado Unidos somos un país fuente, tránsito y destino para la trata, de hombres, mujeres, niños, miembros de la comunidad LGTB, tanto nacionales como extranjeros.

Poblaciones que son particularmente vulnerables en Estados Unidos incluyen menores de edad pobres y en los sistemas de rehabilitación social; menores que se han fugado de sus casas y viven en la calle; poblaciones indígenas americanas, como los indios y los esquimales; trabajadores migrantes y jornaleros, incluyendo los que reciben visas para trabajos temporarios; trabajadores domésticos en residencias diplomáticas; personas con poco manejo del inglés; discapacitados, y miembros de la comunidad LGBT.

Muchas de nuestras víctimas vienen de aquí. De hecho, México y Filipinas, junto con nuestros propios ciudadanos americanos, fueron los primeros tres países de origen en 2015.

La trata en los Estados Unidos ocurre en industrias legales e ilegales, incluyendo en industrias sexuales, hotelera, ventas, agricultura, pesca, manufactura, servicios de limpieza, construcción, restaurantes, centros de atención a enfermos y de la tercera edad, salones de belleza, ferias y carnavales, mendigos y pordioseros, y personal doméstico.

Lo que nos une a todos los que estamos aquí y nos define como enemigos declarados de la trata no es la incidencia de víctimas en nuestros países o la presencia de los grupos criminales que las manejan.

Es más bien cómo respondemos a estos retos.

No sé si sabrán que allá para la misma época en que las Naciones Unidas estaba trabajando en los Protocolos de Palermo, nosotros andábamos también desarrollando nuestra legislación nacional La Ley de Protección a Víctimas de Trata. Ambas fueron aprobadas en el 2000.

Nosotros nos enfocamos en lo que llamamos las 3 Ps: penalización, protección y prevención.

En estas tres áreas todos estamos avanzando.

Hoy nos acompañan muchos funcionarios mexicanos, trabajadores incansables que han hecho estos logros posibles, y que han rescatado muchas víctimas y sacado de carrera a sus victimarios, a 578 de estos esclavistas modernos para ser exactos. 86 convicciones en el mismo año. También se inauguró el primer hogar para víctimas público-privado, y comenzaron nuevas iniciativas para prevenir trabajos forzados. Más importante, le pusieron fin al infierno de más de 1,800 víctimas, a las que rescataron, incluyendo en un sólo operativo en una finca donde esclavizaban a 228 adultos and 78 menores de edad.

Hoy celebramos sus logros y quisiera darles un aplauso.

Para apoyarlos, el año pasado, 2015, el Departamento de Estado adjudicó más de $18 millones en 41 proyectos, incluyendo uno ($750,000, 36 months) con la OIM para adiestramiento de oficiales, capacitación federal y estatal, y apoyar los esfuerzos del gobierno de México.

Cuenten con nuestra cooperación.

También agradecemos a la Organización Internacional para las Migraciones y el UNODC por haber colaborado con nosotros y México en capacitación, desarrollar los protocolos para detectar y referir víctimas, y promover mayor concientización de los riesgos de la trata y su impacto en la sociedad y, en particular, los grupos más vulnerables.

No nos recostemos en nuestros laureles. La industria de la trata es poderosísima y muy rica. Es un negocio que genera alrededor de $150 mil millones anuales. Las organizaciones criminales de la trata se adaptan para evitar detección. Redoblemos esfuerzos entre gobiernos, y en conjunto con organizaciones internacionales y la sociedad civil.

Gracias por acogernos como colegas en este menester tan importante en aras de proteger a las víctimas de la trata y acabar con esta práctica tan despiadada y deleznable.

Un día, tal vez en un futuro no muy lejos, celebraremos en un día como hoy el Día del Fin de la Trata.